Color · Textura · Profundidad · Exploración pictórica
Mi acercamiento a la pintura al óleo surgió después de mi exploración escultórica. Trabajar con volumen, materia y forma física me llevó a interesarme por otros lenguajes donde la imagen también pudiera construirse desde la textura, la densidad y el tiempo. El óleo apareció como una extensión natural de esa búsqueda: una técnica que me permitió experimentar con el color de una manera más lenta, más corporal y más profunda.
A diferencia de otros procesos más inmediatos, el óleo exige paciencia. La pintura se comporta como materia viva: se mezcla, se espesa, se diluye, se arrastra, se acumula y se transforma sobre la superficie. Esa lentitud me obliga a observar mejor, a tomar decisiones con más calma y a entrar en una relación distinta con la imagen. No se trata solo de cubrir un lienzo, sino de construir capas, atmósferas y profundidades.
Me interesa explorar las diferentes densidades de la pintura, las mezclas de color, las transparencias, las texturas y la forma en que una imagen puede aparecer poco a poco. El óleo me permite trabajar desde la intuición, pero también desde la corrección constante: agregar, borrar, cubrir, descubrir, volver a insistir sobre una forma hasta que la imagen encuentra su peso.
Mi estilo también se traduce en esta técnica. Las mismas inquietudes que aparecen en mi cine, mi dibujo y mi trabajo escultórico —la memoria, el cuerpo, el territorio, la transformación, lo extraño y lo simbólico— encuentran en el óleo una nueva manera de manifestarse. La pintura me permite pensar en profundidad, no solo visualmente, sino emocionalmente: cada capa puede funcionar como una huella, una presencia o una atmósfera acumulada.
Este proceso también alimenta mi trabajo como director y escritor. Pintar me ayuda a comprender mejor el color, la luz, la composición y la tensión entre figura y fondo. Me permite estudiar cómo una imagen respira, cómo se construye una atmósfera y cómo ciertos tonos pueden comunicar estados internos sin necesidad de explicarlos.
La pintura al óleo me beneficia porque me obliga a desacelerar. En un proceso creativo donde muchas veces todo avanza rápido —la producción, el rodaje, la edición, la entrega—, el óleo me devuelve a una relación más paciente con la imagen. Me permite quedarme más tiempo dentro de una sensación, experimentar con el error y descubrir profundidad a través de la materia.
Entiendo mis pinturas como parte de mi universo multidisciplinario: no son ejercicios separados de mi trabajo audiovisual, sino otra manera de investigar el color, el espacio, la textura y la emoción. En el óleo encuentro una forma de mirar más lento, de ensayar atmósferas y de construir imágenes que después pueden dialogar con mis personajes, mis escenas y mis relatos cinematográficos.